Doce me passionem Tuam.

This is a prayer to Christ: “Teach me your passion.” A medical doctor speaking at the National Catholic Bioethics Center workshop for bishops earlier in February referenced this prayer, one he gives to his patients. It shifts the focus from asking why suffering is occurring or for the suffering to be taken away, to seeing it as a way of entering anew into the suffering of Christ and the infinite riches of his self-sacrificial love expressed on the cross. This alone liberates us and makes human suffering a participation in Christ’s suffering, reproducing this mystery in each person in a new and unique way. 

St. Paul tells the people of Corinth that we are “always carrying about in the body the dying of Jesus, so that the life of Jesus may also be manifested in our body. For we who live are constantly being given up to death for the sake of Jesus, so that the life of Jesus may be manifested in our mortal flesh. So death is at work in us, but life in you.” (2 Cor 4:10-12) Perhaps we have forgotten the belief that we can offer our suffering for others. That suffering and death in us can mean life for others, since we live within the mystery of Christ’s Body through our baptism and are intimately bound to others through the Holy Spirit poured out upon us. 

“Lord, teach me your passion.” A good prayer for Lent. 

In order to learn this passion, read the Passion. Since we are in the Year of Matthew, Matthew’s account is a good place to start. It will be read on Palm Sunday. The Passion narrative helps us to keep our eyes fixed on Jesus. To see how he speaks and acts, to see his courage and mercy, his perseverance. To receive his love anew which alone saves us. And to see our Lenten penances as correctives to our usual way of seeing and hearing—the whole point of Lenten penances. They open us to the grace to make our seeing and hearing like that of Jesus, to share more deeply in his way of loving. 

This will inevitably lead us to a deeper participation in his suffering love, allowing his life to grow in us during these days of Lent, and be extended to others in greater works of mercy. To carry in our bodies the dying of Jesus—death at work in us, but life for others. That the life and love of Jesus may come alive in the lives of others, especially in those most in need of his mercy. 

Doce me passionem Tuam. 

Reflexión del Obispo Kelly para el Miércoles de Ceniza, 2026

Doce me passionem tuam.

Esta es una oración a Cristo: “Enséñame tu pasión”. Un médico que habló en el taller para obispos del Centro Nacional Católico de Bioética a principios de febrero hizo referencia a esta oración, que él da a sus pacientes. Desplaza el centro de atención de preguntar por qué se produce el sufrimiento o para que éste desaparezca, a verlo como una forma de entrar de nuevo en el sufrimiento de Cristo y en las infinitas riquezas de su amor abnegado expresado en la cruz. Sólo esto nos libera y hace del sufrimiento humano una participación en el sufrimiento de Cristo, reproduciendo este misterio en cada persona de un modo nuevo y único. 

San Pablo dice al pueblo de Corinto que “llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Y así, aunque vivimos, estamos siempre enfrentándonos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida” (2 Cor 4,10-12). Quizá hayamos olvidado la creencia de que podemos ofrecer nuestro sufrimiento por los demás. Ese sufrimiento y esa muerte en nosotros pueden significar vida para los demás, ya que, por nuestro bautismo, vivimos dentro del misterio del Cuerpo de Cristo y, por el Espíritu Santo derramado sobre nosotros, estamos íntimamente ligados a los demás. 

“Señor, enséñame tu pasión”. Una buena oración para la Cuaresma. 

Para aprender sobre esta pasión, lee La Pasión. Puesto que estamos en el Año de Mateo, su relato es un buen punto de partida. Se leerá el Domingo de Ramos. El relato de la Pasión nos ayuda a mantener la mirada fija en Jesús. Para ver cómo habla y actúa, su valor, su misericordia y su perseverancia. Para recibir de nuevo su amor, que es lo único que nos salva. Y ver nuestras penitencias cuaresmales como correcciones a nuestra forma habitual de ver y oír, que es el sentido de las penitencias cuaresmales. Ellas nos abren a la gracia de hacer que nuestra mirada y nuestra escucha se parezcan a las de Jesús, de compartir más profundamente su manera de amar. 

Esto nos llevará inevitablemente a una participación más profunda en su amor sufriente, permitiendo que su vida crezca en nosotros durante estos días de Cuaresma, y se extienda a los demás en mayores obras de misericordia. Llevar en nuestro cuerpo la muerte de Jesús: muerte que actúa en nosotros, pero vida para los demás. Para que la vida y el amor de Jesús cobren vida en la vida de los demás, especialmente en los más necesitados de su misericordia. 

Doce me passionem tuam.